El sinsentido de ETA tiñó ayer España de sangre. Una vez más, por quinta ocasión desde el final de la tregua trampa, la banda demostró, de manera si cabe más inequívoca que nunca, que su única razón de ser es el terror ciego y que su único destino admisible es el exterminio por la vía de la persecución policial y jurídica. La última hazaña de los asesinos consistió en quitarle la vida a un guardia civil y dejar heridos a otros cuatro con la explosión de una furgoneta bomba colocada a pocos metros de la casa cuartel de la Benemérita en la localidad alavesa de Legutiano, muy cerca de Vitoria.
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