«Nos dejó un mensaje en el messenger diciendo que había llegado a casa». Las nuevas tecnologías han vuelto a ser clave para eliminar de un plumazo cualquier atisbo de incertidumbre. La que vivió durante horas una familia de Venta de Baños tras conocer la muerte de varios espectadores en un concierto celebrado en Duisburgo (Alemania).
La Love Parade, un multitudinario espectáculo de música electrónica al que acudieron miles de personas de todo el mundo se había convertido en una ratonera para centenares de jóvenes. Diecinueve de ellos perecieron aplastados por la muchedumbre cuando intentaban acceder a la vieja estación de mercancías reconvertida en escenario. Entre los asistentes al macrofestival, Sara Cilleros Aguado, una venteña que estudia Traducción en Colonia y que, afortunadamente, esquivó la tragedia. «Como a mis amigos les gusta esa música se pusieron pesados para ir pronto y coger buen sitio. Por eso entramos antes», explicó ayer Sara, vía Internet.
A miles de kilómetros, su padre, José Luis, recordaba que tras conocer la noticia intentaron hablar con ella por teléfono «pero lo tenía apagado». Sara atravesó el túnel donde perdieron la vida 19 espectadores apenas dos horas antes de producirse la fatal avalancha.
«Estaba muy llena la zona de los puentes, porque uno de los compañeros con los que estábamos fue a buscar otro escenario y volvió con cara de susto. Nos contó que acababa de ver el puente por el que habíamos pasado petado de gente. Que unos se subían encima de otros. Que habían empezado a tirar vallas y todo. No sabían por dónde salir», relata Sara, que acudió al concierto con otros Erasmus españoles y griegos.
Esta estudiante afirma que durante el concierto notaron que había «mucho movimiento» de helicópteros, especialmente a partir de las 17 horas, pero no podían ni imaginarse lo que estaba ocurriendo. «Gente que llegó a las cinco solo veía las ambulancias, heridos y a los sanitarios reanimando».
Esa aparente normalidad que se vivió dentro del recinto tiene una explicación: mientras la tragedia se consumaba en el túnel la fiesta continuaba en la estación. Los organizadores prefirieron no informar para evitar brotes de histeria masiva.
Desde su domicilio en Venta de Baños, José Luis reconoce que no se han hecho una idea de lo sucedido hasta que lo han visto por televisión. «No teníamos muy claro si estaba o no allí. Había hablado con nosotros y nos dijo que iba a un concierto, pero como a veces no entiendes los nombres...», añade este venteño.
Sara, horas después de lo sucedido, no sale de su asombro. «No sé cómo hicieron un festival ahí -señala- porque he estado en otros dos en Alemania, uno en Bonn y otro en Essen y estaban muchísimo mejor preparados. También es verdad que a este supuestamente iban a ir 1.500.000 personas...», apostilla.
Al parecer, una decisión, la de prohibir a media tarde la entrada de más público a la antigua estación de mercancías donde se celebraba el Love Parade, pudo ser el origen del mortal desenlace.
El túnel de acceso, el mismo que Sara había cruzado apenas dos horas antes para llegar hasta el escenario principal, se convirtió en un embudo: unos querían entrar a la fiesta y otros trataban de alejarse del recinto siguiendo las instrucciones de la policía.
Hacia las cinco de la tarde se desató el pánico. Varias personas cayeron al vacío cuando intentaban colarse en el concierto escalando vallas, lo que provocó una estampida.
Se da la circunstancia de que el Love Parade que se celebraba en Duisburgo era el primero organizado en un recinto cerrado desde su nacimiento en 1989. La ciudad, que no llega al medio millón de habitantes, se enfrentaba a un reto: dar cabida a un millón de espectadores. La antigua estación de mercancías parecía el mejor lugar para recibir a esa marea humana. No fue así. La fiesta se tiñó de luto.
Sara, a partir de ahora, valora aún más tu vida. Disfruta de cada momento, de cada lugar, de cada persona. El destino y tu cultura de guiarán.
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