Bernardo Herrezuelo, que ahora disfruta de su casa y su familia, ha sido homenajeado por la ‘Asociación de Empresarios de Hostelería’ de Palencia.
Toda una vida ligada al mundo de la hostelería...
Fui el mayor de los hermanos y mis padres tenían una tienda y una cantina en Villamuera, por lo que desde niño tuve que ayudar para sacar adelante a la familia.
Durante muchos años trabajé con ellos, hasta que me fui a hacer el servicio militar donde, circunstancias de la vida, también estuve en la cocina y sirviendo comidas.
Cuando terminé la mili no tenía muchas opciones y me fui con un amigo a Ponferrada, donde comencé a trabajar en la Cafetería Alaska. Allí aprendí muchas cosas del mundo de la hostelería y además conocí a mi mujer.
Cuando nos casamos seguimos allí trabajando pero, finalmente, regresé a Palencia, donde he trabajado hasta mi jubilación.
Ha regentado establecimientos de gran renombre en la capital, ¿cómo recuerda su trabajo?
En todos los locales en los que he trabajado he aprendido muchas cosas y he contactado con grandes personas, desde compañeros y trabajadores, hasta clientes.
Cuando regresé a Palencia vi un cartel en el que ponía «Se alquila bar con vivienda» y me interesé. Así, mi primer negoció fue el Bar Bautista (en la calle Antonio Maura), donde estuve trabajando varios años.
Con el tiempo surgió la oportunidad de coger el Restaurante Lis, un establecimiento ubicado junto a la carretera de Villamuriel y en el que trabajé mucho y con muchas ganas. Había una cafetería y una sala de baile -algo poco frecuente para la época- y poco a poco comenzamos a tener clientela y nos especializamos en bodas, comuniones y todo tipo de reuniones.
Durante el invierno trabajábamos con grupos más pequeños y en verano había celebraciones más grandes.
¡La cantidad de lechazos que hemos asado en el horno de leña!
Durante trece años trabajamos allí y luego abrieron la cafetería del Hospital, donde me ofrecieron ir. Al principio no me animé, pero luego me decidí y estuve nueve años. Finalmente cogí el Bar Granada, donde he estado 18 años hasta que me jubilé hace tres.
¿Sus hijos han cogido el testigo?
Afortunadamente no -en tono de broma-, ya que no hubiera podido jubilarme y les estaría ayudando como ellos lo han hecho siempre. Además, toda mi trayectoria no hubiera sido posible sin la ayuda de mi mujer Pilar.
¿Ha cambiado mucho la hostelería en estos años?
Creo que lo esencial es el servicio y la atención con los clientes y a veces falta algo de profesionalidad. La verdad es que yo siempre me he encontrado con buenas personas y buenos trabajadores.
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